
¡Ah! ¡Cómo nos gustan los clásicos! De vuelta, la gran Ana Rosa y su revista. Dejando a un lado los liftings gráficos a los que se ve sometida impepinablemente cada mes, en esta ocasión comprobamos porqué es tan grande, tan única, tan… Ana Rosa. Incluso una simple manzana es capaz de renunciar a su forma original para adaptarse perfectamente a la cabeza de la diva, formando un todo (quasi) perfecto.
Dedicado a María, que sé que le encanta.







