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Mosquitofobia aguda

20 junio, 2007

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Mi madre me cuenta que siendo yo un moquillo que ni andaba, me llevaron de vacaciones por Andalucía. Hicieron parada en Málaga para visitar unos parientes. En una de las habitaciones improvisaron una cuna y allí me abandonaron a mi suerte. Por la mañana cualquiera hubiera jurado que era la hermana gemela del hombre elefante. Deformada de pies a cabeza por las picaduras de mosquito. Perdón, corríjome: mosquitA, que son ellas las que pican por aquello de que a ellas les toca encargarse del sustento de sus futuros criminales.

Años más tarde, de nuevo en periplo vacacional por Andalucía, aunque esta vez en Huelva, acabamos yendo a Urgencias porque las picaduras, además de lustrosas, se pusieron moradas. “Has desarrollado hipersensibilidad al veneno de los mosquitos. Cuídatelo porque bla bla bla“. Qué bien.

Tiempo después, superada la adolescencia física, que no mental, de hecho todavía estoy en ello, visité a un dermatólogo y, además de recetarme una pomada para despuesdé que todavía uso, me recomendó que me duchara con gel de avena inoloro, que no usara perfume… Pobretico. A mí, que tardo en pulirme un frasco de Jean Paul Gaultier de 100 ml lo que cualquiera en decir ¡Jesús!.

Total, que el Aután se ha convertido en indispensable de junio a septiembre. Allá donde voy me acompaña. Por la noche cambio la crema solar por la barrita y si toca terraza o ventana abierta lo primero que hago es embadurnarme bien. En casa 3/4 de lo mismo. A la que cae el sol, corro al reencuentro de mi repelente. O bueno, no, correr tampoco, porque el spray está encima de la mesita del comedor, en el armario del pasillo hay unas cuantas barras y en la mesilla de noche hay otra para casos de emergencia, porque como también tengo enchufados cacharros de esos eléctricos de Bloom por toda la casa (y funcionan) sólo tengo que recurrir a ella cuando se nos pasa recargar el trasto y algún osado pasa rozándome la oreja a media noche con ese tttssszzzzzzziiiiiiiiiiiiiiiiii tan desquiciante. Y a fe que el pánico que les tengo debe haberse implantado en mi hipotálamo porque Grissom (el gato) puede pasarse toda la noche haciendo el capullo y no me entero, pero ¡ay! si un mosquito sobrevuela mi cabeza a menos de 2 m.

En fin que creía que lo tenía todo controlado hasta que la semana pasada vi en la farmacia ¡parches para ahuyentar al mosquito tigre! “Qué exagerados”, pensé. Pero es que ayer leí que ojito, que cada vez hay más. La Generalitat dice que no debe cundir el pánico, que no transmiten enfermedades, es sólo que pican ¡¡¡reiteradamente y de día!!! Pues menos mal, oiga. Si a todo lo ya explicado en mi caso particular, le añadimos que su hábitat natural es el agua estancada y los neumáticos ¿? y que a 200m de casa hay una riera que pasa justo al lado del antiguo depósito de coches del Ayuntamiento, entenderéis perfectamente el estado actual de paranoia en el que me hallo.