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Busco casa

17 julio, 2007

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Después de varias intentonas fallidas que no pasaron de imprimir unas cuantas posibles opciones meses ha, este fin de semana la gota ha colmado el vaso y por fin nos hemos lanzado de lleno a la aventura que supone la búsqueda y captura de unas nuevas cuatro paredes en las que habitar.

Soy consciente de que no será nada fácil. Nuestro actual piso fue un flechazo. El primero y único por el que nos interesamos en su momento. Nada de peregrinajes descorazonadores por innumerables inmobiliarias. Lo vimos, nos informamos, nos enamoró y lo compramos. De hecho el idilio continua. Nos gusta muchísimo. La luz, la distribución, los acabados, el espacio de las habitaciones, … Pero no soporto más el entorno en general.

Cuando llega el buen tiempo, la piscina, que en un principio pudiera suponer un plus, se desborda de familias enteras (abuelos, tíos, sobrinos, nietos) nevera en mano, con el propósito de pasar el día entero a la sombra de los pinos como si de un camping se tratara. Estoy convencida de que en la piscina pública no hay tanta gente. Cada final de temporada toca replantar el inexistente césped caído en batalla bajo las pezuñas del abuso. Derrama de unos cuantos euros, pocos, la verdad, porque entre 320 vecinos las cosas te salen por una ridiculez, pero aún así me parece mucho, básicamente porque en los 5 años que llevo viviendo allí todavía es hora que haga valer mi derecho a uso y disfrute de las instalaciones puesto que me niego a tener que pelearme con nadie por un espacio para colocar la toalla o dedicarme a dar saltitos y dar 2 brazadas por miedo a chocar con alguien en el agua.

Sobre el parking paso palabra. Ya sabéis alguna historieta súper chula que mejor no recordar ¡y las que no os he contado!

Pero lo que peor llevo, con diferencia, son los vecinos de arriba. Recuerdo que para la boda de mi hermana (hace más de ¡2 años!) nos quedamos a dormir en el hotel y pensé:

– “Podremos descansar y despertarnos ¡¡¡a las 11!!!”

Llevábamos meses sin poder dormir lo suficiente porque a los de arriba, la niña, que tiene ya 4 años, les ha salido llorona. Cada **** fin de semana, sábados, domingos, festivos en general, a eso de las 7:00 h. te despierta su melodioso berrido y acto seguido puedes acabar de deleitarte con los gritos desaforados que le profiere la madre. Si el episodio no dura demasiado, en ocasiones puedes volver a pillar el sueño, siempre y cuando no sea domingo, porque el domingo toca pasar el aspirador. A las 8:00 a.m. Con un par.

También existen variables, como por ejemplo, en lugar del aspirador, enchufar el taladro. A la misma hora, que por algo se llaman tradiciones. Aunque alguna vez han innovado agujereando sobre la media noche. Varios días seguidos. Sería por ver si acababan de cogerle el gusto, pero no. Volvieron al clásico del domingo a primera hora.

Y por fin, el súmmum de los súmmums, el no va más, el broche de oro, el acabose, el cómo empeorar lo inempeorable. Damas y caballeros denle la bienvenida al “¡vamos a por el segundo!” (Aplausos, por favor).

Conste que no hablo con ellos. Primero porque es muy difícil coincidir con nadie en la escalera. El día que se abre la puerta del ascensor y te aparece alguien, el susto que te llevas es de órdago por falta de costumbre. Segundo porque un buen día ella dejó de saludarnos. Todavía no sé porqué, ni ganas. Eso que me ahorro porque no es precisamente unas castañuelas. En fin, a lo que iba, que deduzco (por lo que por más que quiera evitar no puedo dejar de escuchar) que están buscando el segundo monstruo porque cíclicamente, 1 vez al mes durante 4 ó 5 días seguidos, él grita como un cerdo en el matadero mientras ella emite unos gemidos ridículos. No importa a qué hora vayas a dormir. Ahí están ellos montando su show y, sinceramente, no puedo entender cómo se llega a esos extremos. Si a esas horas se oye cómo arrastran los pies, imaginaos el folleteo. En un intento por solucionar el problema, hace unos meses me compré unos tapones de cera, pero es tal el escándalo que no sirven de absolutamente nada.

Resumiendo: este sábado, desesperada, sobre las 3 de la mañana emigré al sofá para ver si allí conseguía dormir. Me costó un buen rato. Calculo que engancharía el sueño a eso de las 4 más o menos y a las 7, ¡tará taráaaa! ¡síii! ¡la niña! Y a las 8, ¡síiiiiiiiiiiii! ¡el aspirador! ¡Yupiiiii! Creí que iba a darme algo.

Hoy vamos a ver una casa, un extraño pack de piso+loft+sótano con barra americana ¿? y un solar.