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15 días al año

3 septiembre, 2007

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3 semanas a lo sumo, una de las cuales no cuenta porque como estás en casa, te pasas los días perreando y para cuando quieres darte cuenta no están. Han volado.

15 días al año son, pues, de los que dispongo como VACACIONES, así, en mayúsculas. Prácticamente la totalidad de los 350 restantes, exceptuando fines de semana y algún que otro puente, me los paso esperando a que tenga lugar la materialización de la quincena dorada. De manera que os podéis imaginar cuán frustrante resulta el hecho de que cuando por fin llega no lo haga de la forma tan largamente planificada y/o esperada.

15 días al año y únicamente durante 2 lució el sol mañana y tarde, lo cual si vas a Londres podría llegar a tener una importancia relativa, pero estando en Llançà se convierte en algo realmente transcendental. Así que no queda otra que, sobre la marcha, trazar planes alternativos: te vas a visitar el Monasterio de Sant Pere de Rodes, a ver cómo descargan los pesqueros en el Port de la Selva o a comprarte un shorty y una caña de pescar al Decathlon de Figueres, todo por menos de 40€. Que mola dormir con la ventana cerrada y dos mantas en pleno agosto, vale, pero tener que estar recluido en casa porque llueve, truena, hace frío o la niebla no te deja ver más allá de la acera de enfrente a las 12 del mediodía desmoraliza al más pintao, qué queréis que os diga.

Estábamos convencidísimos además de alquilar un barquito durante un día, como ya hiciéramos en Corfú hace 2 años y, aprendida la lección, sacarle partido al neopreno, pero ni por ésas. A la tramontana le dio por jodernos los planes.

Incluso una de las pocas (y deseada) escapada gastronómica salió mal. Definitivamente no se os ocurra jamás ir a comer al Garbet un sábado pasadas las 14:00 h. Tardarán más de media hora larga en tomaros nota y su, para mí, mayor atractivo (y mira que tiene) será omitido totalmente. Me refiero a los postres. Ya me extrañó que la mestressa no nos los ofreciera junto con el resto de la carta, pero cuando después de comernos las espardenyes, los calamarcets, las anchoves del Garbet y la paella de marisco con bogavante (riquísimo todo, conste) el camarero que vino a recoger la mesa preguntó: “Los señores, ¿tomarán café… o algo?”, siendo casi imperceptible el volumen de voz con el que pronunció el “o algo“, le hubiera contestado: “la señora desea que se vaya Vd a la mierda, hombre“. Aunque en realidad, como no hay mal que por bien no venga, después de haber arrasado en 2 días con las reservas de helado de chocolate del Spar de Llançà y en otros 2 con las tarrinas para llevar de 0,50 l. del Dino del puerto (¡Dios! No dejéis de probar el de mandarina y el cacao holandés), muy en el fondo reconozco que me hizo un favor.

No así un mosquito cachondo que me puso el pie como una bota. Me pasé un día entero sin poder andar con la pierna en alto. Suerte del farmacéutico y los benditos corticoides ¡y del libro! que me hizo más llevadera la convalescencia. ¡Más de 800 páginas! Y me lo acabé 4 días antes de volvernos. Hay que joderse con el clima.

15 días y te pasas 3 discutiendo con las impresentables madre e hija de la agencia a la que desde febrero teníamos pagado el 40% del alquiler de la casa en concepto reserva, porque al llegar nos encontramos con que uno de los dos váteres estaba precintado. Que para qué van a avisarnos con antelación, ¿verdad? o al menos ponernos cualquier excusa haciendo ver que están intentando solucionarlo, cualquiera de esas dos opciones de forma civilizada, claro está. Pues no. Mucho mejor ponerse como basiliscos, llamarnos de todo menos bonitos y perdonarnos la vida rebajándonos 100 putos euros del total, dónde va a parar. Creo que deben estar tirándose de los pelos por no habérseles ocurrido llamar a la policía colgándonos el marrón de la piedra, porque vamos, fue lo único que les faltó. Cawensusmuelaspodrías. ¿Cómo gente así puede regentar negocios?

Pese a todo, unas vacaciones son siempre unas vacaciones y por más quejas que pueda tener, la verdad es que repetiría (sobre todo HOY) sin pensármelo dos veces. Echando más ropa de abrigo en la maleta, rociándome de Autan antes de que anocheciera y con otra agencia, eso sí.

Espero que el regreso no se os haga demasiado cuesta arriba.

Travesía La Rioja

6 junio, 2007

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Este fin de semana pasado hemos estado de excursión por la baja y media Rioja de la mano de los chicos del Club Mercedes Off-Road Adventure. Mi padre llevaba tiempo queriendo apuntarse a una escapada de éstas y finalmente hemos podido compaginar fechas (el lunes se celebraba la 2ª Pascua o algo así) y acompañarles.

No las tenía todas conmigo. Tiempo ha, mi padre era mi ídolo de la conducción, pero los años pasan hasta para los héroes y ya no es lo que era. La última experiencia en carretera con él acabó con A. tumbado en el sofá de casa maldiciendo el momento en el que se nos ocurrió subir juntos a Llançà. Por otra parte estaba el tema tabaco ¿aguantaríamos tantas horas sin poder fumar? Si en la habitación del hotel había sensores de humo podíamos darnos por jodidos. Yo sobre todo, que jamás he fumado delante de ellos (a mi edad y con estos años).

Día 1

Así las cosas, la cita era a las 13:00 h. del viernes en Chef Nino (Calahorra).

Mi padre: “Habrá que madrugar o no llegamos. Os pasaremos a buscar a las 6:00 h.”
Mi madre: “Pero muchacho, que tampoco hay tanto, con que salgamos a las 8 ó las 9…”
Mi padre: “¡Que nooooo, joéeeee! Que luego pasa cualquier cosa y… A las 6:30 abajo en vuestra puerta”

A las 11:30 aparcábamos en la calle Grande de Calahorra.

Tampoco nos fue mal del todo. Yo por lo menos pude dormir de camino y aprovechamos para darnos un extra-largo y no deseado paseo hasta la Catedral que estaba cerrada por obras, casi perdernos por las fatigosas cuestas del barrio de la judería (hoy en día territorio gitano). Incluso pasamos por un convento de monjas de clausura.

La de Oficina de Turismo: “Picad al timbre sin miedo. Venden pastas artesanales, miel. Hay una pequeña zona que se puede visitar”
(…)
Nosotros: “Ding-dong, sí, hola, veniamos a visitar…”
La monja de clausura: “Hoy no”

Qué bien.

A las 13:00 h. estábamos en el punto de encuentro. Nos regalaron unas gorras y un GPS de mano (e-Trex Venture) sólo a los novatos, lo cual creó un lógico malestar entre los repetidores. Paralelamente nos hicieron firmar un papelito con el que supongo se eximían de algunas responsabilidades y esperamos resignados hasta las 14:00 h. a que aparecieran los que no habían madrugado. En ese tiempo A. y yo deseamos convertirnos en Carl Lewis para salir por pies y no volver tantas veces como se abrió la puerta para dar paso a un nuevo miembro del grupo. ¿Cómo fuímos tan idiotas de no caer en la cuenta de qué tipo de gente podría acudir a un evento así? Nos colaron una salida del Inserso en 4×4 por la escuadra sin darnos cuenta.

A comer.

Una especie de crema de mariscos con 4 langostinillos empalados, perdiz escabechada con verduras, solomillo demasiado hecho y mil hojas de crema y nata con helado de chocolate blanco. Manzanilla. Típico sitio y menú de boda recalentado. ¿Cómo lo harán para conseguir ese regustillo final idéntico?

Al acabar nos entregaron el rutómetro con las 4 rutas del fin de semana y empezamos con la primera: ruta de orientación. Nos soltaron por un circuito de 56 km. de caminos rurales bordeando Calahorra.

Monitores: “A las 21:00 h. es la cena. Os esperamos en el Hotel con un abogado matrimonialista. Suelen solicitárnoslos al acabar la prueba”.

Y tenían razón. Si hubiera ido sola en el coche con mi padre hubiera querido separarme de él, sin necesidad de estar casados previamente. ¡Hasta que el hombre entendió lo que era el rutómetro y cómo funcionaba! ¡Madre de Dios! Nada más empezar, 7ª casilla de 74:

Nosotros los copilotos (A. y yo): “A la derecha”
Mi padre: “No que el de delante ha girado a la izquierda y ellos saben dónde van (vosotros no, inútiles)”
Nosotros los copilotos: “Ellos no tienen ni idea porque según esto hay que girar a la derecha”
Mi padre: “¡Que noooo! ¡Que es por allí que también va el cámara!”

Efectivamente. Los de delante la cagaron. Dio la vuelta tan rápido como pudo, que en eso de la velocidad sigue siendo un hacha (pfff) y tuvimos la suerte (aunque para él representaba un problema) de perderles a todos de vista. Seguimos lidiando con mi padre el resto de la ruta, prácticamente hasta casi llegar al Parador, que por fin se medio quedó con la copla de que era imprescindible llevar el control del punto kilométrico. Aún así fuímos los primeros en atravesar la línea de meta. Eran las 18:30 h. Algunos llegaron media hora antes de la cena, lo cual nos hizo reafirmarnos en el sentimiento de la feina ben feta. Lástima que no dieran ningún tipo de premio, ni siquiera simbólico. Y fue muy divertido pese a todo.

Croquetas caseras, carpaccio de atún, alcachofas salteadas, bacalao en salsa y panacota con frutas. Poleo menta.

Día 2

A las 9:00 h. teníamos que estar desayunados con el motor en marcha. El buffet estaba bien surtido y ¡el zumo de naranja era natural! Ruta de los dinosaurios. 82 km. atravesando Tierra de Cameros. Ya sin emoción porque íbamos los 16 coches + 5 de la organización en caravana como niños buenos uno detrás de otro. Lo que no impidió que algunos (monitores incluidos) tiraran por donde no era, montando el correspondiente caos.

11:00 h. Coffe break. De la nada, entre el frío y el viento, surgió una mesa que en cuestión de segundos rebosaba de lomo embuchado, salchichón, chorizo, salmón ahumado, pan, patatas, vino, agua, Coca-colas y de postre una caja de cerezas que un señor de Torrelles de Llobregat tuvo a bien llevar de casa para compartir con el resto. Riquísimas.

Parada en uno de los múltiples yacimientos con huellas de dinosaurio de la región. Creo que debía ser el de Munilla. Cogido por los pelos en mi opinión, pero bueno. Sirvió para estirar las piernas (y de qué manera) en cualquier caso.

A las 14:00 h. ya habíamos tomado posesión de La Fábrica de Harinas (Enciso).

Surtido de quesos, chorizo, lomo embuchado, ensalada, jabalí en salsa con setas y una especie de flan de requesón con frutos secos. Poleo menta cagando leches, porque tardaron 1 hora desde que empezaron a servir el primer café hasta que nos tocó el turno y los monitores ya estaban desesperados. La comida no estaba mal, pero el servicio se desbordó.

A las 16:00 h. emprendimos de nuevo camino. Ruta de los puertos. 89 km que nos llevaron por el puerto de La Rasa y el de Peña Hincada hasta el Monasterio de Valvanera. Como construcción no tiene demasiado interés, pero está situado en un enclave precioso. Una pena que nos acordáramos de las baterías de la cámara demasiado tarde. Por supuesto nos tenían preparada otra mesa enorme con más chorizo, lomo, queso, pan, patatas, pastas de té, vino, agua, Coca-colas y bebidas calientes. Por increíble que parezca voló todo.

34 km más hasta la Hostería de San Millán, que forma parte del complejo del Monasterio de Yuso, en San Millán de la Cogolla. Bonito porque sí. Llegamos a las 20:00 h, por lo que retrasaron la cena prevista de las 21:00 h a las 22:00 h.

Hojaldre de marisco con gambas y setas, merluza a la marinera y tarta de queso con helado no sé de qué. Buenísimo todo.

Día 3

A las 10:00 todos desayunados en el patio. Después de recoger los chorizos que, por temas de premura, una tendera del pueblo nos acercó personalmente previo encargo por teléfono de una señora del grupo, visitamos el Monasterio y sus copias de las Glosas Emilianenses, que las auténticas están, cómo no, en Madrid. A. y yo ya lo conocíamos y personalmente me parece más auténtico el de arriba, el de Suso, del cual tuvieron que trasladarse los monjes al poco de instalarse por problemas de espacio.

La visita se acaba en el mismo patio que da a la Hostería y ¡oh, sorpresa! nos habían preparado un almuerzo con chorizo, lomo, bollitos, sandwiches de atún, vegetales, pastas de té, Tender’s de Milka, vino, agua, Coca-colas…

Por fin emprendimos la última de las rutas a las 12:00 h., la de la Demanda. 35 km por la sierra que da nombre a la misma, por tramos de Reserva Natural por los que tuvimos el privilegio (no al alcance del mundo mundano, según el guía) de poder pasar. Increíblemente bonito. Agua por todas partes, bosques muy tupidos, hasta llegar a las vistas de los 2.200 m de altura donde “pinchamos“. Menos mal que les pasó a ellos.

A las 14:00 h. con puntualidad británica llegamos a Venta Goyo (Viniegra de Abajo) donde nos dispensaron el último atracón. Pochas, bacalao al pil pil o cordero guisado y un surtido de postres (panacota agria, tarta sosa y neula con crema de café). Gracias a Dios estaba hasta las cejas de comer porque si no, lo hubiera pasado mal. Conste, eso sí, que me ofrecieron prepararme cualquier otra cosa a mi gusto, pero “no, gracias“. Uno de mis compis de comidas se comió mis pochas. ¡Qué saque, la Virgen!

Y con esto y un bizcocho, ¡deseando repetir! Porque aunque he vuelto sin caber en los pantalones, lo del tabaco lo he llevado muy bien y resultó que los “jubilados” eran todos encantadores. Me reí muchísimo con “la peligrosa” mote que recibió desde el minuto cero por parte de los monitores (imaginad si era terremoto la mujer con 71 años que tenía) y que curiosamente fue la primera persona con la que hablamos nada más poner los pies en Chef Nino, ya que llegamos juntos. Eran dos parejas también, novatos, de Barcelona (como la mayoría de aventureros), y compartimos prácticamente la totalidad de las comidas. Majísimos. Además me hacía mucha gracia porque, cosas de la edad, me llamaba Yinet (por Gwyneth Paltrow, que decía que soy igual pero en moreno ¿? No lo comparto, claro, pero como me cae estupendamente y además me parece monísima, yo encantada). En realidad gran parte del tiempo nos sentimos como las mascotas del grupo, éramos “los niños”, todos pendientes de nosotros, de si comíamos o no, de que no pasáramos frío… Encantadores, no se me ocurre otra palabra. También los monitores. Majísimos. Incluso la mujer de Ronda, que cenando en San Millán me dijo, incauta ella, que Esperanza Aguirre era la mejor, muy simpática y que tenía mucho arte.

Guirineando en mi ciudad

10 abril, 2007

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Flashcards

Es curioso cómo salimos huyendo de las ciudades a la mínima cuando en realidad resulta que son los mejores días para vivirla. No hay atascos, no hay colas, no hay estrés. Con un poco de suerte puedes atravesar Barcelona por una calle como Aragón de punta a punta sin pararte en un solo semáforo.

Curioso también que a veces esas huidas tengan un fin cultural cuando desconocemos tantas y tantas cosas por el mero hecho de tenerlas al lado.

Es necesario recibir visitas y meterse en la piel de un guía improvisado para descubrir sitios en los que ni siquiera te detienes por más veces que pases por delante, no fuera a ser que te confundieran con un guiri.

Estos días me he mimetizado con ellos. He sido una guiri más. Paraguas en ristre, he entrado por fin en la fantástica Casa Batlló con teleguía incluida (que pesadita la tía del cacharro, por cierto. Qué manera de adornar lo ya de por sí adornado y esa insistencia en que visitáramos la tienda… feo, feo), paseado por el Barrio Gótico con destino al siempre abarrotado Bosc de Les Fades. Entrar, ver y salir, claro. La copa mejor hacerla en el Margarita Blue que al menos puedes darle una tregua a los sufridos pies. Cena nada más cruzar la calle en el acojedor Il Mercante di Venezia.

Siguiente parada: La Moreneta, vía cremallera para hacerlo distinto a otras veces. A punto estuvo de caer el funicular, pero balta no tuvo valor (y yo que me alegro). Comida típicamente casolana en El Casot y vuelta a Barcelona para penetrar de nuevo en el universo Gaudí paseando por el Parc Güell. Ya le han arreglado la cara al dragón. Qué prisa se dan para algunas cosas.

De camino visita indispensable a La Sagrada Familia. No pensábamos ni bajar del coche, pero pudimos aparcar sin pretenderlo y aprovechamos la ocasión. Y bien que hicimos, porque pudimos colarnos junto con la gente que iba a misa y admirar el impresionante interior. No pudimos evitar sentirnos culpables, más aún cuando justo antes de atravesar la puerta una estatua parecía haber previsto la fechoría y rezaba: “Lo que tengas que hacer, hazlo rápido”. Como además no fuimos los únicos “listos”, el cura dejó caer como el que no quiere la cosa que no le hacía mucha gracia, pero oye, la pela es la pela, tú. Curioseando por las múltiples tiendas de souvenirs horteras de alrededor me enteré de que ¡no llevan hecho ni la mitad del proyecto! Si perdieran menos tiempo preocupándose por el recorrido del AVE otro gallo cantaría.

Por la noche seguimos culturizando la vista, nosotras más, claro, acudiendo al pase (por segunda vez en el caso de A. y mío) de Leónidas y sus 300 cachas. ¡Quién fuera espartana!

El sábado tocaba jornada gastronómica, que no sólo de Gaudí vive el hombre. Previa visita al Carrefour, calçotada casera con salsa mom made. A mí no me gustan, pero por lo visto salieron ricos ricos. Unos dados, lo justo para desplumar a los invitados, unos Party&Co., que te ríes igual pero es gratis, unas torrades rápidas para cenar en el bar de abajo y a dormir, que a la mañana siguiente los madrileños partían rumbo a su hogar.

Todo este rollo total para acabar donde quería llegar que es a la conclusión de que ya sea lejos o en tu propia casa, hacer de guiri resulta agotador.